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Pantalones diminutos y vidas aceleradas: La nueva silueta masculina para 2027

  • Foto del escritor: Santiago Garcia Bretado
    Santiago Garcia Bretado
  • 21 jul
  • 3 min de lectura

Dior SS27- Vogue Runway
Dior SS27- Vogue Runway

En la imaginería tradicional, el "hombre respetable" viste para durar. Una camisa sobria, unos jeans rígidos en tonos fríos y una funcionalidad casi utilitaria que grita que la ropa es solo una herramienta de trabajo, no un objeto de deseo. Sin embargo, las últimas entregas masculinas para el summer/spring 2027 en París y Milán acaban de volar esa narrativa por los aires. Lo que Miuccia Prada, Jonathan Anderson para Dior, Anthony Vaccarello en Saint Laurent y Michael Rider para Celine nos han presentado no es solo ropa nueva; es una radiografía sociológica. ¿Hacia dónde van las masculinidades? La respuesta de la alta moda es clara: hacia un terreno mucho más versátil, descaradamente sensual y adaptado a las grietas de la vida moderna.


Si algo cruzó como hilo conductor la mayoría de las colecciones, fue la versatilidad. Pero no se trata de una versatilidad romántica, sino de una puramente práctica. Vivimos en una sociedad tan acelerada —donde el pluriempleo es la norma y el tiempo para volver a casa a cambiarse no existe— que los diseñadores se vieron forzados a crear ropa "multitarea".

Lanvin SS27 - Vogue Runway
Lanvin SS27 - Vogue Runway

Ahí es donde entra Jonathan Anderson en Dior. Inspirado en una "nueva aristocracia" —esa donde tener o no dinero es secundario frente a la actitud y la vida nocturna—, Anderson presentó lo que él define como prendas híbridas. El ejemplo perfecto fue la reinterpretación de la icónica Bar Jacket de Christian Dior: un saco de sastrería histórica desprovisto de estructura, construido en telas livianas y pensado para ir de fiesta sin perder la elegancia. Es la ropa de un hombre que trabaja de día, pero que a las 11:00 p.m. necesita estar listo para el dancefloor.


Por décadas, la moda masculina ha ocultado la anatomía bajo capas y volúmenes oversized. Pero el SS/2027 exige que nos preparemos para enseñar piel. En Saint Laurent, Anthony Vaccarello fue categórico. Sus modelos desfilaron con micro-shorts tan breves que bordean la lencería. Mostrar las piernas con una carga innegablemente erótica ha sido históricamente un tabú para el hombre heterosexual (reservado, si acaso, a la playa o la alberca). Vaccarello desafía esto reconectando al hombre con su propio cuerpo. Aceptar que los tejidos ligeros o los cortes

Saint Laurent SS27- Vogue Runway
Saint Laurent SS27- Vogue Runway

reveladores no te hacen "menos hombre", sino que posicionan la anatomía masculina como un objeto estético legítimo. En esa misma línea de contención y tensión silueteada, vimos el regreso del skinny pant. Desde Michael Rider en Celine hasta Guram Gvasalia en Vetements y el propio Anderson, los pantalones ajustados y los shorts minúsculos confirman que el volumen gigante por fin está cediendo su lugar a una silueta filo-afilada y enfocada en la anatomía.


Cuando cuestionamos las barreras de género en la vestimenta, solemos olvidar la razón histórica por la que existen las secciones de "Hombre" y "Mujer": la logística de las tiendas departamentales y la eficiencia comercial (salvo por ajustes biológicos puntuales en busto o cadera).


Hoy, marcas como Celine (ahora bajo la batuta cromática y vibrante de Michael Rider) nos hablan de colectividad e inclusión, mientras que Vaccarello entrelaza a sus hombres suaves con sus mujeres de sastrería sobria. Ambos comparten la misma confianza sensual. Sin embargo, esto plantea una paradoja inevitable: En un panorama político convulso —donde discursos conservadores en lugares como EE. UU. o México añoran el regreso a la familia tradicional y a los roles binarios—, ¿puede la moda disolver las ideas de género simplemente recortando los pantalones de los hombres y pasándole el resto de la tela a las mujeres?

Givenchy SS27- Vogue Runway
Givenchy SS27- Vogue Runway
Celine SS27- Vogue Runway
Celine SS27- Vogue Runway

Es evidente que las casas de moda siguen haciendo desfiles separados por logística y rentabilidad (es más fácil coordinar 100 modelos que 1,000). Pero el lenguaje visual que están inyectando en la calle propone algo indetenible: la fluidez ya no es una provocación de nicho, sino una opción real de estilo de vida. Existe una lectura económica silenciosa en estas colecciones. La versatilidad no solo responde a agendas apretadas, sino a presupuestos ajustados. En un mercado donde la inflación hace que comprar una colección completa de Saint Laurent o Dior sea un lujo inaccesible para la mayoría, la ropa híbrida permite adquirir un solo look capaz de transformarse en tres contextos distintos. Los diseñadores no están intentando destruir la idea del "hombre fuerte"; están reconociendo que el hombre contemporáneo es un ser polifacético que ya no se define solo por ir a la oficina y regresar a tomarse una cerveza.


Al final, la moda masculina no está borrando las reglas del juego solo por rebeldía: nos está ofreciendo nuevas herramientas para sobrevivir a la realidad. Y como suele suceder en la historia de la indumentaria, esta revolución tiene un antecedente claro... pues la moda femenina siempre lideró la innovación.

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